Rostros

“Soy un oficiante de la palabra”

Escribe poesía desde los 18 años, y en el mágico mundo de la televisión, en donde sació sus apetencias reales, tiene más de 25 años. Ha obtenido muchos logros en su carrera como escritor, poeta, ensayista, guionista de televisión y cine. Comenzó estudiando Letras en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y de ahí en adelante ha capturado al lector y al televidente con poemarios como Tatuaje; guiones de cine entre los que destaca el de Manuela Sáenz; entre sus telenovelas destacan Amantes de Luna Llena, El País de las Mujeres, Amores de fin de siglo, Ciudad Bendita y La mujer perfecta; unitarios para televisión como La Madame y Cuerpos Clandestinos; y los documentales Ángeles desterrados y El santo negro Por: Heidi Maldonado Durán / Fotos: Julio Oso

Con gran receptividad y ofreciéndonos un café, nos recibió Leonardo Padrón en su cálido y acogedor apartamento ubicado al este de la ciudad capital, donde a través de sus grandes ventanales podíamos observar la hermosa vista que nos regalaba el imponente Ávila. Leonardo Padrón es una de esas personas que piensa que hablar de sí mismo es pedregoso y lo define como una “impudicia inaceptable”, sin embargo, después de un corto silencio, asegura que quienes han tenido la oportunidad de leer sus poemas van a encontrar el testimonio más auténtico de quien se considera: “En términos sencillos, soy un espíritu libre, ejerzo la sensibilidad hasta sus últimas consecuencias”. Su primer contacto con la palabra escrita fue a través de la literatura y asegura que quiere que sea el último: “La poesía es mi iglesia personal, la ejerzo desde que intenté conquistar la comarca de una mujer, hasta ahorita que pretendo contestarme las preguntas más simples del mundo”. Su inclinación por escribir poesía nació gracias a un sinnúmero de bibliotecas que se le cruzaron en el camino y a una importante influencia de grandes poetas como García Lorca y César Vallejo, quienes lo hicieron enamorarse de la posibilidad de conseguir el relámpago de la belleza en una página en blanco.

¿Qué o quiénes inspiran a Leonardo Padrón?
Me inspiro en el entrañable discurso de la cotidianidad de los seres humanos, el amor en clave cotidiana es muy rico de contar y allí está su maravilla y su miseria, sus abismos y sus peligros. Pero, por sobre todo, me inspiro en la complejidad de la condición humana, somos absolutamente impredecibles, misteriosos y desconcertantes, eso siempre te va a generar un cuento que echar.

¿Qué ha sido lo más gratificante que le han dejado sus distintas facetas?
Si tuviera que quedarme con una, sería la poesía. Es el momento más trascendente que vivo con relación a la palabra. Mis otros oficios me han generado gratificaciones abrumadoras, porque de allí nace la conexión más grande con el público y eso me complace infinitamente.

Imposibles de olvidar
Trató de darle un nombre que generara una identificación inmediata con las premisas del proyecto, hizo un inventario de seres humanos imposibles de olvidar y de ignorar, desde allí usó la palabra imposible en términos positivos, confiesa Padrón que son personas casi siempre imposibles de sentarlos por una hora, de tener una conversación a fondo, de entrar en los pasillos de su vida. Concebido por temporadas, “Los Imposibles” es un programa de entrevistas de personalidad que bajo la conducción de un escritor y poeta como Leonardo Padrón, logró convertirse en uno de los más escuchados del país y, tras el indiscutible éxito de la serie radial nos presentó bajo su pluma la publicación de su primer libro, Veinte conversaciones al borde de un micrófono; veinte personajes, entre ellos Miguel Bosé, Simón Díaz, Carlos Andrés Pérez, Ernesto Samper y Delia Fiallo, revelan sus alegrías y tristezas y sus secretos más celosamente guardados. De allí, Padrón sorprendió con la publicación de otros tres libros de “Los Imposibles”, que descubren confidencias de personajes célebres como Facundo Cabral, Mercedes Sosa, Fernando Savater y conmovedores relatos como el de Andrés Galarraga.

“Si Dios quiere, al final de esta quinta temporada radial de “Los imposibles”, que finaliza el 16 de diciembre de este año, el desenlace inevitable será la publicación de mi quinto libro en Venezuela”, precisó.

¿Cuál ha sido ese personaje “imposible” de entrevistar?
Unos han sido más difíciles de conseguir que otros, en el fondo esto es un poco de cacería. A Mario Vargas Llosa lo intenté por dos años hasta que lo conseguí, justo antes que le dieran el premio Nobel de Literatura, así pasó con Juanes y Cheo Feliciano. Yo no busco noticia, yo busco al ser humano que no agonice en el tiempo, sino que perdure.

¿Cuál ha sido el entrevistado que marcó a Leonardo Padrón?
La lista es larga, me encantó comprobar que Fito Páez y Miguel Bosé se parecen a la inteligencia de su música, que Mario Vargas Llosa es un ser inmensamente generoso, que el filósofo Fernando Savater habla en aforismos, que el expresidente Ernesto Samper tiene mucho más humor que el que pudiera sospechar, que Patricia Janiot es mucho más encantadora que las noticias que nos da todos los días en “CNN en español” y que Julieta Venegas es una dulzura de mujer.

¿Qué personajes considera son necesarios que estén en los próximos libros de “Los imposibles”?
Son imprescindibles que estén Joan Manuel Serrat, Joaquín Sabina, Charly García, el cineasta Pedro Almodóvar y el actor argentino Ricardo Darín.

¿Hay un imposible para Leonardo Padrón?
Lo fascinante de esta palabra es poder luchar contra ella y quitarle el prefijo y hacer lo imposible, posible.

¿Cómo ve la televisión venezolana?
La veo en estado catatónico, agónico, en incertidumbre inmensa, más apagada que prendida, necesitada de más oxigeno para respirar con libertad.

¿Cuándo regresa a la pantalla?
A finales de este año comienzo a escribir una telenovela que Venevisión programará para 2012.

¿Cómo está el corazón de Leonardo Padrón?
Feliz, estacionado. Soy pleno, estoy al lado de un gran ser humano, de una mujer inmensamente integral, una artista químicamente pura. Mariaca Semprún y yo sabemos conjugar el amor de manera intensa, divertida y plena.

¿Qué no se permite Leonardo Padrón?
Claudicar, resignarme, no me permito aburrirme de mí mismo.

¿Qué disfruta hacer en sus tiempos libres?
Ejerzo mis pasiones: la lectura, el cine, soy un viajero intermitente, me encanta llenar de sellos mi pasaporte, además de disfrutar de una buena comida.

Se dice fanático de sus hijos, es padre de unos morochos de nueve años: “Estoy derretido por la calidad humana que tienen, son tremendas personas, son esencialmente buenos de espíritu, me encanta que a los nueve años trasmitan bondad, integridad, tienen sentido del humor, que me parece un símbolo de inteligencia, he tratado de permearlos de cultura, sensibilidad, que se conmuevan ante un buen libro, una buena música, una buena película. En pocas palabras, somos cómplices.

No asume su faceta profesional como una carrera, para él es un ejercicio de vida y es su manera de estar en el mundo. Recientemente bautizó su último poemario “Métodos de la lluvia”, cuyo aspecto temático es la infancia, reflexiones sobre el país, sobre la memoria, todos temas pertinentes a los seres humanos.

Leonardo Padrón es una figura muy respetada dentro y fuera del país. Gracias a una vida dedicada a la lectura, este elocuente poeta atesora lo que tantos persiguen: gratificación y complacencia personal. Su trayectoria regala versos, novelas, libros, voz. Como la literatura, Padrón tampoco se cansa de la palabra, poesía lo acompaña y poesía nacerá hasta su último aliento.

¿Cocina?
Cocino lo necesario para no morir de hambre. Mi pericia no llega a hacer platos elaborados, soy
buen diente, me encantan las pastas y la comida japonesa.

¿Qué restaurantes frecuenta?
Aprile me encanta, también suelo visitar Vitrina. Alto es un gran restaurante. Una vez a la semana sucumbo ante el pecado de la carne y suelo ir al Maute Grill.

¿Cómo ve Leonardo Padrón nuestra gastronomía?
Está respirando mucha salud, es muy dinámica, muy viva, muy actualizada, muy hija del siglo XXI. Caracas es una extraordinaria plaza gastronómica, en Margarita y Mérida hay increíbles rutas gastronómicas. Siento que hay  ganas de seducir a través de la comida y eso me entusiasma mucho. Comer en Venezuela es una aventura feliz.

¿Si pudiera definir su vida en tres platos y una bebida, cuáles serían?
La entrada sería un Carpaccio de salmón; como plato fuerte elegiría un Pappadelle como postre me encantaría una jalea de mango que se parece a mi infancia. Una bebida sin duda sería el whisky con agua Perrier y una conchita de limón.